Los putos lunes, supongo

Hoy es domingo. Eso quiere decir que mañana es lunes y vuelve a empezar una semana más de un mes más de un año más de mi vida. Otra semana en la que trabajar, entrenar y esperar al fin de semana para poder hacer vida, o quizá, solo una semana más en la que esperar a la próxima semana.

El lunes es difícil, es verdad, pero también debe ser difícil ser lunes. ¿Quién empatiza con los pobres lunes?. Un amigo mio que suele citar a “El grecas” me dijo un domingo como el de hoy “¿Que culpa tiene el lunes de no ser un sábado?” y he estado pensando sobre el tema. 

Solemos demonizar fechas, días o momentos, pero pocas veces tenemos en cuenta que hay más de una versión de las historias, que existen las casualidades, que uno vive bajo sus circunstancias y que en realidad los días son solo días. 

Yo antes entraba en esa rueda de tristeza y queja los domingos, esperando que llegue el lunes como quien espera a la muerte. Creo que ese es el problema, esperar, cómo si no pudiéramos hacer nada con ese tiempo y la vida solo tuviese que pasar. Creo que es donde tenemos que poner el foco, en hacer algo con esos días, plantearnos cómo queremos usarlos para que los lunes sean menos lunes, para vivirlos más como un sábado. Entiendo que el conjunto de esos días menos tristes y menos envueltos en queja me permitirán disfrutar de la vida y, quizás, se acerque a ese concepto de “felicidad”, que parece ser que buscamos. 

Eso hago desde hace un tiempo, decidir activamente que quiero hacer con él, con quién quiero pasar mis días y, mirando hacia atrás, me he dado cuenta de que lo que quiero es pasar tiempo con mi gente. Bueno, el tiempo de calidad es mi lenguaje del amor favorito y me encanta la gente. Adoro pasar un domingo al sol, con gente, plan de peli y manta, con gente, pasear acompañada, de gente. No me gusta la soledad, de hecho, me da miedo, así que supongo que tendrá que ver con eso (aunque ya hablaremos sobre ello otro día). Podría parecer un problema pero he aprendido a aceptar esa parte de mi, de hecho creo que lo he convertido en una virtud. Las personas de mi alrededor me halagan por ello, por acogerles y estar disponible, por hacer de mi casa su hogar, supongo que en parte yo también soy su hogar. 

Las personas recargan mi energía. Así que sí, me gusta que mi mesa esté llena, dormir acompañada, hablar con las personas todo el día, ir a entrenar cuando van mis amigas y que mi habitación esté hasta arriba. 

Así hago que mis días sean menos malos, hago que vivir me merezca la pena y hago que los lunes sean más sábados, porque la responsabilidad es mía, no del pobre lunes que le ha tocado estar ahí.