Desamor

A mi alrededor han pasado cosas y he estado reflexionando sobre las rupturas. Bueno, sobre el amor en general, una emoción que me parece difícil de entender, gestionar y compartir con otros (ya hablaremos sobre ello). Pero es verdad que, específicamente, sobre las rupturas.

Acompaño a mucha gente en duelo por ruptura en terapia, pero nunca es igual que acompañar a una amiga en ese proceso o vivirlo yo en mis propias carnes. No sé cómo explicarlo: es como que, al vivirlo en alguien cercano, estoy más empapada de la historia, veo mejor cómo intenta sanar y, sobre todo, veo las partes de ella que también se rompen.

Por ello, la palabra “ruptura” es perfecta para este concepto, y no se utiliza otra. Se separan, a veces de forma violenta, las partes de un todo. Se rompe un vínculo, una idea, una persona y un corazón (ya lo decía Miley: “Nothing Breaks Like a Heart”).

En psicología, muchas veces se habla del duelo por ruptura de pareja como si fuese un duelo más, como una mudanza o un cambio de trabajo, pero creo que se pierden cosas diferentes. Se pierde parte de ti, parte de lo que habías creado, la idea de futuro, y siempre queda un “lo que podría haber sido”: se pierde una esperanza.

A la par, me sorprende cómo puede darse de forma tan abrupta. De repente, ya no está esa persona en tu vida. Pero más me sorprende cómo las personas pueden, de repente, ser otras, comportarse de formas que no esperábamos y hacer daño (a veces sabiéndolo) al otro. Me duele y me da pena; quizá por eso siempre he intentado romper con las personas de mi vida lo mejor posible o quizá por eso me cuesta tanto hacerlo.

De todas formas, lo de siempre: las cosas pasan por algo (dicen), y con las rupturas entiendo que más. No nos quedamos ahí porque no es nuestra persona, por mucha pena que nos dé. No nos quedamos ahí porque duele, porque no sentimos lo suficiente o no lo hace el otro, porque nuestros estilos de vida son diferentes o nuestros valores chocan. No nos quedamos ahí porque queremos otra cosa, y eso es cuidarse.

Soy de las que piensan que las personas vienen a nuestra vida a ejercer una función. A veces vienen a enseñarnos, porque creo que en las rupturas se sacan aprendizajes y las personas con las que estábamos nos enseñan. Alguno de mis ex me ha enseñado que puedo soltar y que merezco más, y algún otro, que quien puede decidir irse soy yo.

Las rupturas son difíciles, pero valientes. Es empezar, aunque no desde cero. Es empezar con nuevos aprendizajes y capacidades, con nuevos vínculos establecidos y con otros rotos. A veces traen retomar algunas cosas que dejaste por el camino, y el tiempo para hacer cosas nuevas con las personas que te quieren y lo viven contigo.

Lo que siempre me han enseñado las rupturas (y mis ex) es a valorar lo que sí tengo y a retomar consciencia sobre las personas que sí quieren acompañarme en esta vida: mis amigas, mi familia, mis amigos de rugby, que me permiten no pensar y solo reír; en definitiva, mi gente.

Supongo que el vínculo sana igual que hiere y que el amor sana el desamor.