
El otro día, un paciente maravilloso me recomendó una serie. Se llama “The Beauty” y me la he tragado entera. Es de los creadores de “American Horror Story”, por lo que me ha encantado. Hace una crítica al ideal de belleza actual y a las cosas a las que estamos dispuestos a acceder o a someter a nuestro cuerpo para obtener belleza, todo desde una perspectiva muy gore, en plan “La sustancia”, y la verdad es que no se distancia mucho de la realidad actual.
En fin, estoy haciendo dieta.
Es verdad que, en mi caso, la dieta es para rendir mejor en CrossFit y no para tener un cuerpo minúsculo y fino. Es para intentar no morir en una competición y no para encajar en un estándar según la mirada masculina. Es para estar más fuerte y sentirme mejor (además, me la lleva un nutri).
Aun así, me da miedo. Me da miedo porque me veo diferente: estoy más fuerte, tengo mejor piel, más energía, me siento deseada por otros y me veo más delgada. Esta última parte es la peor. Recibo comentarios que asocian mi belleza a mi pérdida de peso, que no la relacionan con mis músculos o mi capacidad deportiva. Recibo comentarios, veo Instagram, la televisión, y sé lo que es el Ozempic y el botox.
Es curioso: el ser humano prefiere ahorrarse tiempo y esfuerzo en algo como la alimentación, el deporte o la terapia. Prefiere meterse mierda en el cuerpo siempre y cuando tenga una imagen que guste al mundo y no implique tiempo. También os digo que lo entiendo: cada vez tenemos menos tiempo, la medicina avanza y ser halagado nos gusta a todos.
Pero sí, preferimos encajar antes que hacer algo tan básico como cuidarse.
Me he tatuado una flor que se riega a sí misma. Quería expresar la importancia del autocuidado, pero no le daba tanto sentido hasta ahora.
En este momento de mi vida, me cuido mucho. Hago mucho deporte (he encontrado placer en ello), como muy bien (estoy aprendiendo), bebo menos (eso me jode), hago terapia y duermo mis 8 horitas diarias (mínimo). Es un proceso de cuidado, de autocuidado. Es un proceso que implica comentarios, miradas y sentirme vista, pero, sobre todo, es un proceso que me encanta.
Me siento orgullosa, estoy contenta de mi perseverancia, porque no me veía capaz y me siento feliz al ver que gente cercana me apoya, se enorgullece conmigo e intenta acompañarme.
Voy a seguir con ello, aunque el deporte sea cansado y a veces lo pase mal (puto snatch, qué miedo); aunque la dieta a veces sea dura (ya no como queso); y aunque la terapia a veces duela (la psico me saca mucha mierda).
Voy a seguir a pesar de los comentarios sobre la delgadez, porque yo sé que ahí no está la belleza. Está en saber mirar y escuchar a tu cuerpo, está en cuidarse, en autocuidarse.