De buena eres tonta

La decepción. Yo la veo como una emoción incómoda que se produce cuando hay una diferencia entre lo que esperábamos y la realidad. Está claro que agradable no es, nos hace sentir malestar, pero creo que no tiene tanto que ver con lo que otros “nos hacen”, sino con las expectativas que depositamos en ello.

¿Cuántas veces nos hemos decepcionado y hemos cargado al otro con la responsabilidad? ¿Cuántas veces lo hemos hecho sin pensar en nuestra propia ilusión, que nos ha puesto ahí para luego tirarnos desde tan alto? ¿Cuántas veces lo he hecho yo?

Una persona a la que puedo llamar amigo, o algo así, suele decirme: “Miriri, tienes que entender que no todo el mundo es como tú eres y no todo el mundo actúa como tú actúas”. Es verdad, a veces va de listo, pero otras veces tiene razón (no se lo digáis nunca).

Supongo que no podemos exigirle al mundo que haga lo que nosotros hacemos o que nos lea la mente, según lo que nos parece bien o mal y según cómo queremos que se porte con nosotros.

Aprender a ver las expectativas que ponemos en las personas y en la vida, para luego tener que ajustarlas a lo que te expones y vives, no solo es difícil, es cansado, y yo siento que en el proceso me voy dejando la vida. Quizás soy un poco exagerada, pero la decepción y yo no nos llevamos bien. Deposito mucha esperanza en la gente y, por lo tanto, me he decepcionado mucho. Soy de esas que piensan que las personas son buenas por naturaleza y, supongo que por eso, me duele tanto cuando siento que no lo son conmigo.

Puede ser que influya el sesgo de negatividad, la tendencia psicológica a dar mayor importancia a experiencias negativas que a las positivas o neutras. Puede ser que sea, de nuevo, mi cuerpo protegiéndose. A lo mejor está intentando que no olvide el dolor para que no me pase eso de “de buena ser tonta” otra vez.

Esa frase me la han dicho tanto que, a veces, me planteo si seré tonta de verdad. Otras, pienso que los tontos son ellos, pero, ya os digo, que pocas veces pienso que simplemente las expectativas eran desmedidas o estaban desajustadas. Es que es muy difícil; para mí, esto implicaría quitarle las emociones al asunto y, sin emociones, la vida sería muy aburrida y me quedaría sin trabajo.

Además, ¿qué quiere decir esto? ¿Que hay que ser mala? ¿Que hay que desconfiar de las personas? ¿Quizás de algunas personas? ¿Cómo se identifica qué personas merecen de ti y cuáles no? ¿No es como súper difícil vivir?

No sé a dónde quiero llegar con esto, solo sé que mi familia me ha enseñado a creer en la bondad y que mi padre siempre habla de eso de tener la conciencia tranquila y dormir a pierna suelta. Supongo que viene de ahí, y puede ser que de buena sea tonta, pero las personas que tengo cerca merecen la pena: no se aprovechan de mi bondad, sino que la cuidan y la devuelven y, sobre todo, sus expectativas y las mías están alineadas y ajustadas.

Sí, todo esto es precioso, pero os aseguro que, para llegar hasta aquí, para llegar a entenderlo, he tenido que pasar por muchas relaciones (amistades, familia, pareja) para aprender. La vida es eso, aprender y, como he dicho más arriba, “me he decepcionado mucho”, pero he hablado en pasado. He aprendido, he ajustado mis expectativas y ya no me decepciono… bueno, o no tanto.