
Dicen que en terapia se aprende. Y es verdad. Tiene que ver con esto de la introspección y el autoconocimiento y, supongo, que aunque no lo razonase mucho, ya lo sabía. Lo que no sabía era que se aprendía a tanto nivel y más en mi posición, siendo la terapeuta.
Mi trabajo es interesante, bonito y muchas veces divertido, pero resulta que también te conecta con tu propia mierda, te genera aprendizajes y, efectivamente, se da eso de la introspección y el autoconocimiento. Da miedo y a la par, es revelador.
El otro día en sesión una paciente me dijo que había aprendido a no juzgar al mundo desde la herida que se generó por como le juzgaron a ella y me hizo reflexionar. Creo que es difícil llegar a este aprendizaje porque casi siempre estamos heridos por como nos ha tratado el mundo y vamos a movernos desde ese dolor. Yo me muevo desde ese dolor.
Últimamente estoy muy enfadada, porque sí, además de psicóloga soy persona, y justo en este momento de mi vida la ira me recorre más de lo que me gustaría admitir (espero que no como a Anakin Skywalker, pero lo hace).
Me enfadan cosas pequeñas como la lluvia, el frío o que ya no sea mi cumple; y me enfadan cosas grandes, como el maltrato, las injusticias o los “señoros” que deciden lanzar bombas en nombre de países. Pero últimamente estoy muy enfadada con los hombres. De hecho, me estoy dando cuenta mientras escribo, de que me enfada estar enfadada con los hombres. No me malinterpretéis, tengo muchos hombres a mi alrededor que adoro y que quiero mantener en mi vida, me cuidan y tratan como merezco, pero es mi género contrario y a veces no les entiendo. Ya sea como amigos, hermanos o parejas…no les entiendo bien y es una mierda porque me encanta entender las cabezas de las personas que quiero.
En teoría la ira protege, limita y te ayuda a entender lo que no quieres, o eso les digo a mis pacientes. Quizá sea eso, quizá esté cansada de exponerme a cosas que luego me hacen daño, a hombres (amigos, parejas o familiares) que me hacen daño. Quizás mi cerebro y mi cuerpo solo está protegiéndose y sabe como hacerlo, por lo que ya ha vivido, alejandose. Pero, ¿me aleja también de conocer y experimentar? ¿se está protegiendo demasiado? ¿me quedaré sola? Nadie quiere estar con alguien que siempre está enfadado. Y, sobre todo, la ira agota, y yo estoy agotada.
Un buen amigo una vez me habló de reconciliarme con las partes que me componen, y creo que tenía razón, quiero reconciliarme con esa ira, con esa parte de mi que busca protegerse porque está ahí por algo, no quiere sufrir. Para ello el camino, como siempre, es LA TERAPIA (no nos sorprende) y estoy en ello, voy a hacer más introspección y a buscar más autoconocimiento para entender, empatizar y reconciliarme con mis heridas, con el mundo.
No se si llegaré a no juzgar al mundo por lo que me ha generado, a mi o a las personas que acompaño, porque a veces también veo el mundo desde sus heridas y su mirada. Pero si sé que voy a estar menos enfadada. Es mi intención, colocarlo, entender de dónde viene y no estar tan cansada, porque la ira cansa y mucho.